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LA EMIGRACIÓN
CANARIA A AMÉRICA A TRAVÉS DE LA HISTORIA Manuel Hernández González Profesor Titular de Historia de América Universidad de La Laguna |
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Buque Begoña. Durante los años 60 realizó la ruta Canarias-Venezuela cargado de emigrantes isleños.![]() La Estrella Polar, construído en un pueblo del sur de Tenerife por Jaime Suárez García. El 9 de Octubre de 1.948 salió desde Roque Bermejo (La Gomera) con destino hacia Venezuela. El trayecto, sin incidencias, duró 31 días. ![]() El Telémaco, zarpó clandestinamente con emigrantes gomeros de Valle de Gran Rey, en Agosto del año 1.950. En este barco salieron 171 personas. ![]() El mítico Valbanera. Este barco se hundió en los callos de Florida el 09/09/1.919, con muchísimos emigrantes isleños, aproximadamente 588, cuando estaba dando fin a su viaje. Salió desde La Palma, Puerto Rico, Santiago de Cuba y la Habana. Nollegó ya que fué hundido por un fuerte ciclón. |
EL SIGLO XVI. Los canarios participarían en la conquista como expertos guías. Entre 1492 y 1506 al menos 12 de las mayores expediciones hacen escala en La Gomera o Tenerife. Entre ellas las de los mayores nombres de la conquista como Colón, Ojeda, Vespuccio, Pedrarias, La Cosa, Yáñez u Ovando. Las Canarias tienen el privilegio de comerciar con Indias desde los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo. Una Real Orden de 1511 simplemente especifica que los canarios parten solamente con la autorización del capitán del navío. De esa forma, canarios o residentes en Canarias se convierten en parte integrante de las expediciones de conquista y colonización, como la de Pedro de Mendoza en la fundación de Buenos Aires en 1535 o la de Pedro Fernández de Lugo para la conquista de Santa Marta en Colombia y otras. Sin embargo no podemos hablar de emigración canaria en sentido estricto, pero sí como una base para el traslado al Nuevo Mundo sin los severos controles del monopolio sevillano. En el siglo XVI Santo Domingo primero y La Habana después son los principales destinos canarios. De forma lenta se irá desarrollando un movimiento migratorio de comerciantes y de agricultores. LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN LOS SIGLOS XVII
Y XVIII. La irrupción del cacao como producto de exportación y la pacificación y el control de Los Llanos favorecen la instalación definitiva de familias canarias en la región central de Venezuela. En la Caracas y La Guaira de fines del siglo XVII comienza a establecerse una importante colonia. Se calcula que representan entonces más de un 90% de los casamientos de inmigrantes blancos y un 16% del total, número que es mucho mayor si se tiene en cuenta que la gran mayoría se casaron y tuvieron hijos antes de emigrar. La agricultura de subsistencia y la ganadería les lleva a fundar pueblos en los altos del Valle de Caracas como Los Teques, Macarao, San Antonio de los Altos o La Vega. Frutales como el membrillero o el duraznero y cultivos como el maíz o la yuca los esparcen por doquier. Extienden el culto de la Candelaria en todos los rincones. Pero no sólo contribuyen a la agricultura, constituyen la mayor parte de los pulperos o mercaderes. Su presencia se encuentra desde la cúspide con gobernadores como Ponte y Hoyo o Bethencourt y Castro hasta artesanos mulatos y esclavos, de servicio o de plantación. Hasta en las bellas artes se puede hablar de una auténtica escuela canaria que pone su sello en la escultura, la pintura o la fundición. Pueblo enteros de Tenerife como Buenavista, El Sauzal o Vilaflor se vacían, pero no sólo en el Valle de Caracas, en el Yaracuy fundan San Felipe e impulsan una agricultura cacaotera realizada mayoritariamente por hombres libres. En Los Llanos fundan la punta de lanza para la colonización San Carlos Cojedes, que culminarán más tarde con la de Calabozo, abriendo el camino a la penetración exterior, que culminará en la segunda mitad del XVIII. En Aragua se extienden por La Victoria y Maracay. Desde San Sebastián de Los Reyes se proyectan hacia Villa de Cura y San Juan de Los Morros. En Barlovento inician como pequeños cultivadores de cacao la colonización de Curiepe y Panaquire, que completarán en la segunda mitad del XVIII con la del Guapo y Río Chico. Otro tanto cabe decir en Barquisimeto y Guanare. En Maracaibo milicianos y familias son desplazadas para colonizar su interior. Pero sólo es efectiva cuando un empresario particular emprende con ellas la de Perijá. En Oriente son llevados a Cumaná y Cumanacoa, pero se quedan allí porque fracasa su colonización interior. Sólo al del Concepción del Pao es exitosa. Otro tanto ocurre con Upata, que abandonar tras ser incendiada por ataques británicos. Sólo en la segunda mitad del XVIII podemos hablar de una expansión colonizadora más efectiva. Ese auge, con el tráfico con México y el contrabando como punta de lanza, choca bien pronto con la Corona que crea para contrarrestarlo la Compañía Guipuzcoana. Los canarios se sienten golpeados por su control que perjudica esencialmente a los pequeños cultivadores. La rebelión estalla en 1741 en San Felipe Yaracuy y tiene su expresión más señera en 1749 con la del herreño Juan Francisco de León. Su derrota es la advertencia más seria a los campesinos que ven cerrada su conversión en hacendados. La colonización interior es su única alternativa. Es la época en que predomina la emigración de varones en Los Llanos o Oriente para roturar nuevas tierras como Chaguaramas, Ospino o San Jaime en Los Llanos o Nueva Palencia o la Piragua en el Oriente. El éxito de la colonización interior lleva de nuevo a fines del siglo XVIII, en vísperas de la independencia, al renacimiento de la emigración familiar. El café es su aliciente. La independencia, consecuencia ineludible del vacío que supuso la invasión napoleónica, fue antes que nada una guerra social en la que canarios de la élite y del pueblo llano se expresaron como venezolanos, porque para ellos eran criollos. Si bien al principio todos los espectros sociales la apoyaron, su carácter oligárquico mostró la desafección de las clases bajas que simpatizaron con la contrarrevolución. Pero con los llaneros al mando de Páez volvieron de nuevo a la causa independentista, como el conjunto de las clases bajas venezolanas. LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LOS SIGLOS XVII Y
XVIII. La emigración de varones será la predominante en la segunda mitad del XVIII por las mayores dificultades de acceso a la tierra y la menor rentabilidad del cultivo del tabaco. La liberalización de la trata de esclavos en 1789 depara su introducción masiva, favorecida por la rebelión de los esclavos en Haití. Este cambio cualitativo coincide con una grave crisis económica en Canarias. Aunque entre 1783 y 1791 creció sin cesar el número de vegueros, la situación cambió radicalmente. Los que cultivaban las tierras a censo y por arrendamiento se vieron obligadas a dejarlas y a dirigirse hacia zonas más alejadas como Pinar del Río, que se convertirá en la célebre Vuelta Abajo, el centro tabaquero por excelencia. Los hatos se transformaron en plantaciones. El choque entre hacendados y cultivadores se hizo evidente en Güines y San Antonio de los Baños. Una parte considerable de los cultivadores serían expulsados de sus tierras, para ser sustituidos por mano de obra esclava en las nuevas plantaciones azucareras. LA EMIGRACIÓN A SANTO DOMINGO EN LA ÉPOCA
COLONIAL. A partir de 1730 su despegue económico se ve por fin estimulado por la Corona que decide invertir gruesas sumas para la colonización con canarios de áreas vacías Financia buena parte de los pasajes de las familias, puesto que otra parte corre a cargo de los navieros, que debían de transportar gratuitamente cincuenta por cada mil toneladas desde 1678, y la totalidad del costo de su instalación. Ya no se emigra por urgencia rumbo a lo desconocido emigrantes sin vínculos en Indias, de áreas e islas sin tales tradiciones. Se divisa mejores posibilidades de futuro. Familias jóvenes, mujeres desarraigadas con hijos inician esa aventura. Su eje será Puerto Plata y Montecristi en el norte y la Península de Samaná en el NE. La frontera siguió creciendo con el reforzamiento de Azua, la fundación de Neiba Las Caobas, Dajabon y San Rafael de la Angostura En 1768 tiene lugar en el sur de la de Baní, un auténtico paréntesis étnico en un sur de predominio mulato. Su extraordinario impacto se puede apreciar en su vertiginoso crecimiento entre 1740 y 1760 que llega a doblar su población, que pasa de los 25-30.000 habitantes a los 52-55.000, con un mayor énfasis en las áreas de colonización canaria. La media de miembros por familia era de 6´25. Su alta tasa de natalidad explica que alcanzase los 100.000 habitantes a comienzos de los 90. LA EMIGRACIÓN A PUERTO RICO EN LA ÉPOCA
COLONIAL. Se distribuyen en los primeros arribos por el actual Humacao, pero el establecimiento inicial de 1722 fracasa. Mayor proyección alcanzan los asentados por Loíza, Bayamón y el Toa. Esa creciente concentración posibilita la fundación en 1745 de Toa Baja, seguida en 1751 por el de la Alta. En ambos es decisiva la participación colonizadora de los canarios hasta el punto de se le da el culto a la Candelaria y se realiza, como ha pervivido hasta la actualidad ,la representación de la aparición de la Virgen a los primitivos habitantes de las islas. Otra región en que fue notorio su influjo fue la de la costa oeste desde Aguada a Cabo Rojo. En 1729 por Mayagüez, Añasco y Rincón se establecieron también. Fundaron una ermita en Mayagüez a la Candelaria y otra en Rincón en honor a Santa Rosa. En Añasco se dio carácter de parroquia a la vieja ermita de San Antonio Abad. Aunque no fueron llevados por la acción gubernamental, nuevos grupos se asentaron. Constituyen el factor de mayor importancia dentro de su extraordinario desarrollo. Casi se triplica en 1799, cuando alcanza las 153.232 almas. De las 28 poblaciones nuevas que se fundan en ella entre 1714 y 1797, no menos de 19 deben su origen al esfuerzo colonizador de los hijos de Canarias. En la primera mitad del siglo XIX nuevos aportes canarios, que darán pie a nuevas poblaciones, como Naguabo en la vertiente occidental de la isla, demostrarán el papel que jugaron en la transición del trabajo esclavo al asalariado en una isla en la que la trata esclavista nunca alcanzó los niveles de Cuba. Los canarios se convirtieron desde la tercera década del XIX en pioneros del trabajo libre en la caña de azúcar, hasta tal punto que fue prohibida la difusión de tan exitosa experiencia. LA EMIGRACIÓN A LOS ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO
XVIII. La Corona desde fines del siglo XVII se interesó por la colonización de Texas. Entre 1724 1733 137 familias salieron con ese destino. Pero, al arribar a La Habana, decidieron establecerse en Cuba. Sí próspero, sin embargo, con 64 personas la fundación de San Antonio en 1731. Éstos se constituyen como su oligarquía, canalizando en su provecho el regadío, lo que les originó conflictos con las misiones allí establecidas. Apoyaron tanto la independencia de Méjico como al República de Texas, muriendo algunos de ellos en la defensa del Álamo frente a las tropas mejicanas. La Corona decide poblar Luisiana, ocupada por los españoles desde 1763 Entre 1777 y 1783, años de aguda crisis en las islas, agravada por la paralización del comercio como consecuencia de la Revolución Norteamericana, se embarcan con ese objetivo sobre 4.000 canarios, de los cuales arribaran definitivamente a ese territorio norteamericano en torno a los 2.000, porque la mitad desertaron en Venezuela y Cuba. Constituyeron cuatro poblaciones que tuvieron una vida plagada de dificultades. Sólo prosperó San Bernardo, donde siguieron manteniendo la cultura y el habla canaria hasta nuestros días y Valenzuela, donde se mezclaron con los franceses. La mayoría se trasladó hacia la Florida Occidental y Baton Rouge, la capital de Luisiana, donde una parte de la localidad continuó con el nombre de “Spanish Town” durante el siglo XIX. LA EMIGRACIÓN A URUGUAY EN LOS SIGLOS XVIII
Y XIX. Fruto de esa política sería el envío de dos expediciones de 25 y 30 familias canarias que, en unión de unas pocas procedentes de Buenos Aires, darían pie a la fundación de Montevideo. Una vez más se trataba de compaginar los intereses de las élites canarias, con la consecución de la posibilidad de comerciar libremente con el Río de la Plata, con la política poblacionista de la Corona. Pobladores a cambio de comercio. Mas los recelos y las presiones llevaron a la inmediata paralización de ese intercambio en 1729. Pudo más en la balanza el miedo al contrabando que ese tráfico ocasionaría y los intereses monopolistas de la burguesía gaditana que la necesidad de impulsar la colonización de un territorio vacío y amenazado como era el uruguayo, por lo que desde ese año cesaron terminantemente las expediciones y con ellas el poblamiento español se vio seriamente afectado. Los pobladores canarios formaron en Montevideo un ayuntamiento Pero no fueron beneficiados de forma proporcional a su número en el reparto de la propiedad de latierra. Peninsulares o bonaerenses acaparaban grandes latifundios ganaderos y obstaculizaban la difusión de la pequeña propiedad agrícola. Desde los primeros años del siglo XIX, un comerciante santacrucero establecido en Arrecife, Francisco Aguilar, fletó una expedición de 200 lanzaroteños rumbo a Montevideo. Con ella comenzó un período de intensa emigración desde Lanzarote y Fuerteventura hacia ese destino, no interrumpida por los avatares bélicos por los que atravesó la naciente República. Una expatriación que fue denunciada por las pésimas condiciones de la travesía y la explotación de los pasajeros que tuvo algunas trágicas consecuencias, como sucedió con la realizada por los hermanos Morales en 1836. Cegados por la codicia y la ignorancia contrataron más plazas que las que podíancaber en la nave, por lo que faltaron los víveres y se llegó por el hambre hasta comer carne humana. Esta emigración se convirtió, pues, en un lucrativo negocio tanto para amplios sectores de las clases dominantes canarias como para ciertos empresarios uruguayos. Tales expediciones fueron monopolizadas por dos poderosos empresarios de Montevideo: Juan María Pérez y Samuel Fisher, que no se limitaban sólo a negociar el transporte de colonos sino que poseían tierras propias a las que ataban a los pasajeros por las deudas del pasaje o las adquirían en ventajosas concesiones al Estado para destinarlas a proyectos de colonización. Una estadística de la época cifra la inmigración canaria al Uruguay entre 1835 y 1845 en torno a las 8.200 personas, lo queconstituía un 17% de todos los inmigrantes y el 65% de los españoles. Fue una inmigración que transformó intensamente el interior del país, con un destino preferentemente agrícola. Con el estallido de la Guerra Grande en Uruguay, la situación de los canarios se agravó. Se suprimió la exención del servicio militar y se les obligó a alistarse en la Guardia Nacional a los comprendidos entre los 14 y los 45 años. Se dieron casos de niños de 12 años de edad que figuraron en primera línea de combate. Entre 1877 y 1900 la emigración hacia el Uruguay continuó, pero no tuvo ya el relieve de la etapa anterior. Se calcula en 5.749 el número de inmigrantes que permanecieron de forma definitiva en la República Oriental. Por otro lado, entre las nuevas arribadas destaca el año crítico de 1878 en el que llegaron 2.951. Los saldos fueron negativos apartir de ese año con la crisis que afectó al Río de la Plata y la quiebra de la Banca Baring Brothers con fuertes inversiones en la región. Los canarios contribuyeron al desarrollo agrario del país entre 1830 y 1880. Se dedicaron al cultivo de la tierra en los departamentos de Montevideo, San José, Maldonado y Colonia. Pese a ello se ocuparon también en empleos urbanos, como el comercio, o la artesanía, aunque el campo fue su actividad fundamental. En un país en el que la fiebre ganadera lo ocupaba todo, los isleños expandieron la agricultura. Tal influencia alcanzó en las áreas agrarias tales como Canalones, Colonia, San José y Soria, que hoy en día a los habitantes del primero de los distritos se les sigue llamando canarios y por extensión se les denomina a los de la zona agrícola del surdel país y a toda la población rural. Los cereales fueron su cultivo mayoritario, actividad en la que estaban adiestrados los lanzaroteños y majoreros por ser su actividad esencial. Tal especialización convirtió en voz común la expresión de que los uruguayos no sabían plantar sino comer carne y fueron los isleños los que les arrendaron las tierras y comenzaron a cultivar trigo y maíz. Al realizarse la trilla mediante el trabajo colectivo entre los vecinos, nació una costumbre la compañía, nacida de la solidaridad colectiva entre los paisanos. Esa endogamia de grupo no sólo jugó un papel importante en la producción, sino en los casamientos. Las relaciones de convivencia y parentesco entre los canarios permiten su supervivencia como tales, manteniendo vivos los lazos culturales y familiares a través del tiempo en las zonas rurales del país. LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN EL SIGLO XIX. LA EMIGRACIÓN A CUBA EN EL SIGLO XIX. LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LAS TRES PRIMERAS
DÉCACADAS DEL SIGLO XX. Una parte de la emigración se canalizó hacia el tabaco en Pinar del Río y la región central de la isla y otra hacia la caña de azúcar en Oriente. Un 30% se quedó definitivamente en la isla, mientras que el resto retornó. Eran éstos últimos fundamentalmente varones jóvenes empleados en las labores de las zafras tabaqueras o cañeras, en el cultivo de frutales o en la venta ambulante. Los que se quedaban en su mayoría eran cultivadores de tabaco o colonos cañeros que traían a sus familias o se casaban con hijas de canarios. En las vegas se iniciaban como trabajadores a la parte de los beneficios. Con sus ahorros en épocas de bonanza compraban luego propiedades, asentándose definitivamente en ellas, como era característico de la zona de Sancti Spiritus donde los bajos precios de los terrenos hasta entonces montuosos favoreció el asentamiento de la población en esa región, donde la presencia canaria era muy numerosa. La deserción del servicio militar, sobre todo en los momentos álgidos de la Guerra de Marruecos, fue también otro de sus alicientes. Uno de sus rasgos característicos fue el asociacionismo canario creando delegaciones de la Asociación canaria por toda la isla. Dieron pie a centros sanitarios y a un importante movimiento periodístico. Una parte minoritaria de éstos dio lugar en los 20 a la creación del Partido Nacionalista Canario y s u órgano de expresión “El Guanche”. LA EMIGRACIÓN RECIENTE A VENEZUELA. La contribución de los canarios a la modernización
venezolana fue decisiva en el ámbito de la agricultura. Sectores
como el tomate, el plátano, la cebolla o la papa le deben a ellos
en buena medida su activo protagonismo. Regiones como las de Barquisimeto,
Valle de Pascua, Orituco o Coro vieron reformadas sus estructuras agrarias
con la apertura de pozos y la generalización del regadío.
Pero no fueron sólo agricultores, también jugaron un papel
en la industria, el comercio y el sector financiero. En la distribución
al por mayor de productos agrícolas su hegemonía en mercados
como el de Coche fue nítida. BIBLIOGRAFÍA. CABRERA DÉNIZ, G. Canarios en Cuba: un capítulo en la historia del archipiélago (1875-1931). Las Palmas, 1996. GALVAN TUDELA, J. A. (ed.). Canarios en Cuba. Una mirada desde la antropología. Tenerife, 1997. HERNÁNDEZ GARCÍA, J. La emigración canario-americana en la segunda mitad del siglo XIX. Las Palmas, 1981. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. Canarias. La emigración. Tenerife, 1998. Los canarios en la Venezuela colonial (1670-1810). Tenerife, 1999. La emigración canaria a América entre el libre comercio y la emancipación (1765-1824). Tenerife, 1999. MACÍAS HERNÁNDEZ, A. M. La migración canaria, 1500-1980. Colombres, 1992. MARTÍN RUIZ, J.F. Canarias: entre el éxodo y la inmigración. Tenerife, 1987. PAZ SÁNCHEZ, M. y HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M. La esclavitud blanca. Contribución a la historia del inmigrante canario en América. Siglo XIX. Tenerife, 1993. PÉREZ VIDAL, J. Aportación de Canarias a la población de América. Las Palmas, 1991 RODRÍGUEZ MARTÍN, N. La emigración clandestina de la provincia de Santa Cruz de Tenerife a Venezuela en los años 40 y 50. Tenerife, 1988. SIERRA TORRES, G., ROSARIO MOLINA, J.C. Los canarios en Cuba. Juntos, pero no revueltos. Tenerife, 2001. |